Ya viene navidad, y con ella, todo el ajetreo del comercio. Dicen que hay que hacer las compras con suficiente anticipación, pero la realidad es que la mayoría de la gente no puede salir por los regalos hasta tanto no reciba el aguinaldo, o al menos la primera quincena.
¿Y por qué pasa esto? Simple. No nos preparamos para los tiempos difíciles. Aunque la época decembrina no es un tiempo difícil en sí, la tendencia es la misma.
Nuestras vidas son cíclicas. Hay crestas muy buenas y valles muy malos. Se tiende a olvidar en las crestas que el valle está próximo a llegar. Y no se realizar la provisión necesaria para vivirlo. La situación se empeora si el valle se convierte en una gran sabana con un horizonte lejano y al parecer inalcanzable.
Diferente sería si se tomaran las precauciones del caso. Los valles no serían tan pronunciados, y por ende las crestas y caídas no serían tan drásticas.
¿Cómo hacerlo? Es difícil pensar en ello si nunca ha estado en un valle. Se cree que todo irá viento en popa el resto de la vida y es algo que con alta probabilidad no será de esa forma. Las personas que han caído tienen muchas formas de levantarse. Aprenden de cada experiencia y tratan de no caer por la misma razón la próxima vez.
Sin embargo, quienes caen por primera vez tienen dos alternativas: quedarse ahí y esperar que el mundo gire 180 grados y los lance del valle a su próxima cresta, o tomar nota de lo que pasó, aprender, ser más fuerte y emprender el camino hacia el éxito.
Personalmente, creo que caer en un valle es ventajoso. Si lo veo gráficamente, al estar cayendo a un valle, estoy tomando impulso para tomar la siguiente cuesta a mi próxima cuesta.


